La Importancia de la Actividad Física para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares

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La Importancia de la Actividad Física para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares
28/03

La Importancia de la Actividad Física para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares


La práctica regular de ejercicio físico desempeña un papel esencial en la prevención y el control de las enfermedades cardiovasculares (ECV). Estas enfermedades representan una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial, pero la actividad física ha demostrado ser una poderosa aliada para reducir los factores de riesgo asociados. Estudios indican que los ejercicios aeróbicos o de resistencia, realizados con intensidad leve a moderada, contribuyen a la pérdida de peso, mejoran el perfil lipídico, reducen los niveles de glucosa en sangre, aumentan la sensibilidad a la insulina y controlan la presión arterial. Estos cambios ayudan a disminuir significativamente el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares.

Además, la actividad física regular promueve cambios fisiológicos que contrarrestan los efectos del envejecimiento, aumentando la longevidad y la calidad de vida. La American Heart Association ha reconocido el sedentarismo como un factor de riesgo independiente para las ECV, lo que refuerza la importancia de incorporar el ejercicio en la rutina diaria.

Recomendación de Actividad Física

El American College of Sports Medicine recomienda que los adultos realicen al menos 150 a 300 minutos de ejercicios moderados por semana, lo que equivale a un gasto energético superior a 2000 calorías. Alternativamente, combinaciones de actividades vigorosas, como correr, durante períodos más cortos también pueden generar efectos positivos.

Estudios a largo plazo demuestran que las personas que gastan entre 2000 y 3000 calorías semanales en actividades físicas presentan un riesgo considerablemente menor de infarto agudo de miocardio. La investigación clásica con conductores de autobús en Londres también mostró que pequeños cambios en la rutina física pueden generar grandes beneficios cardiovasculares.

Actividad Física y Longevidad

En un estudio con más de 55 mil adultos estadounidenses durante 15 años, se observó que los corredores tienen entre un 30% y un 45% menos de probabilidades de desarrollar o morir por ECV. Además, estos individuos vivieron, en promedio, tres años más que aquellos que no corrían.

Investigadores como Shiroma y Lee destacaron que cuanto más intensa y constante sea la práctica de ejercicios, mayor es la protección contra las enfermedades cardiovasculares. Esto se aplica incluso a personas con obesidad o alto riesgo de ECV, evidenciando los beneficios físicos y mentales del ejercicio regular.

Hipertensión y Ejercicio

La hipertensión arterial sistémica (HAS), definida como presión arterial sistólica superior a 140 mmHg y diastólica superior a 90 mmHg, afecta entre el 22% y el 44% de la población adulta en Brasil. La práctica de ejercicios físicos ayuda tanto en la prevención como en el control de la hipertensión, reduciendo en algunos casos la necesidad de medicamentos.

Los programas de ejercicio físico han demostrado ser eficaces para reducir la presión arterial en individuos hipertensos y normotensos, siendo un componente clave en el tratamiento de esta condición.

Clasificación de la Actividad Física

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física es cualquier movimiento corporal que resulte en gasto energético. Puede clasificarse como:

  • Leve: caminar despacio, tareas domésticas ligeras.
  • Moderada: caminar rápido, andar en bicicleta de forma ligera.
  • Vigorosa: correr, nadar.

Las recomendaciones incluyen al menos 150 minutos semanales de actividades moderadas o 75 minutos de actividades vigorosas, con énfasis también en ejercicios de resistencia, como el levantamiento de pesas, dos o tres veces por semana.

Combatiendo el Sedentarismo

El sedentarismo es uno de los diez principales factores de riesgo para la mortalidad global y está asociado a un aumento significativo en el riesgo de ECV. Las estrategias educativas y comunitarias son esenciales para reducir el sedentarismo, especialmente en poblaciones vulnerables.

La actividad física mejora la salud mental, la capacidad respiratoria, fortalece los huesos y músculos y contribuye al bienestar general. Su impacto va mucho más allá del corazón.

Políticas Públicas y Estilo de Vida Activo

Invertir en infraestructura urbana que promueva la actividad física, como ciclovías, áreas recreativas y campañas educativas, es fundamental para reducir el impacto de las ECV. La práctica de ejercicios simples, como caminar o bailar, cuando se realiza de manera constante y placentera, puede transformar vidas.

Conclusión

La práctica regular de actividad física es una herramienta poderosa para la prevención y el control de las enfermedades cardiovasculares. Incorporar el movimiento en la rutina puede mejorar la longevidad y la calidad de vida. Lo más importante es encontrar una actividad que sea placentera y sostenible, y mantenerse activo de manera regular.


Referencias Bibliográficas

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  • Goldman L, et al. Tratado de medicina interna. 25ed. España: Elsevier; 2017.
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